Para qué tomo «la soga del muerto»

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Ayahuasca se toma para poder mirarse a uno mismo desde una perspectiva amorosa, desde donde se puede ser el observador y lo observado al mismo tiempo. 

 Se recorre a través de distintos parajes que han marcado nuestra existencia, ya sean experiencias positivas o negativas, que nos han hecho ser lo que somos.

 Cuando tomamos ayahuasca se potencia la visión, es decir, todo lo que antes pasaba desapercibido ante nuestros ojos, toma forma, tamaño, color, y es muy notorio ante nuestra percepción fomentando así que podamos resolver conflictos.

Trae al gran maestro que nos ahabita, para que nos acompañe y ayude a reencontrarnos con la verdad.

Ayahuasca es un poderoso espejo que refleja la verdad de nuestro ser, al ponernos ante él descubrimos una sola cosa: “somos amor”. La impresión puede ser tan fuerte que surgen culpas por no haberlo notado antes, por no haber sido felices, por no haber visto la maravilla que somos, el regalo que somos, el amor que somos.

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Pero esa culpa pierde importancia cuando se llega a las profundidades del propio ser y se encuentra una paz imperturbable en la que todas las cosas pierden importancia, y el observador reconoce que todo es impermanente, manteniendo una ecuanimidad perfecta ante lo que sea que esté sucediendo.

 Desde este estado alterado de conciencia se puede resolver todo, incluso la muerte, porque desde esta visión se sabe que la vida es un ciclo infinito.

Autora: Mercedes Andino

Imágenes: Internet

Foto: Esperanza Colmenares

Medicina ancestral

Medicina ancestral, le nombras a veces. Otras veces, drogas. Plantas maestras, dices. Y también circulan los elementales sintetizados. A estos componentes que te sacuden de tu pereza espiritual, les llamas medicina.

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La estimulación de los sensores de tu ser activa respuestas de tu parte, activa la conciencia que se da cuenta de los estímulos. Al proceso de perder la carga que pesa la insensibilidad, lo percibes como sanación. Y lo que sana, se gana el nombre de medicina.

Entonces acontece que incluso el más leve estímulo sensorial es medicina. El trigo que revitaliza, el aire que trae  vida y el agua  que la hace fluir. La eterna presencia del Gran Espíritu es medicina. Sufrir, caerse y morir, son medicina. La ausencia total de estímulos es medicina también. Estímulos malos, de los que no quieres que ocurran, también son medicina. ¿Qué nos da pie para decir que tal planta es sagrada y la otra es mala hierba?

El aroma de una flor es medicina, el hedor de tu mortalidad también lo es. La bendita lluvia es medicina, la solitaria sequía también lo es. La alegría plena es medicina, la rabia gutural del tigre arrinconado también lo es.

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La crisis social que experimentas con sudor, pesar, impotencia y lágrimas, esta también es medicina. De sabor amarga, ¿no?

Una buena medicina no sana. Una buena medicina provoca una tormenta de estímulos en ese justo espacio en donde falta sanación. El estímulo repentino puede desorientarte temporalmente, puede emborracharte. El estímulo te puede doler.

Una buena medicina, sin que le importe tu debilidad, toca el punto más lacerante, el nudo más grueso, la enfermedad más sufridora. Una buena medicina no te levanta de la cama sino que te empuja maliciosa pero precisamente para que no tengas más remedio que manejarte con pisada firme.

¿Confías acaso en la ensoñación que pinta la niña Santa María? Marihuana, digo. Junto a ella te rodea una cortina de humo que disimula de tu visión la mera realidad. Esta cortina no tiene como objetivo que quedes preso en la confusión que te provoca, sino más bien que hagas todo y lo imposible por encontrar la claridad. Con mirada fija, atraviesas ese velo psicodélico de hambres nerviosas, ansiedad y vicio. Aquí, del otro lado de este velo de maya, se manifiestan las medicinas que llamas clarividencia, paz serena  y fijeza de mirada, y se expresa una satisfacción que late dulce en el corazón. Si te quedas ensimismado en los variados colores, te pierdes de la unicidad que enseña la sobriedad.

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La ayahuasca tampoco es para cobardes. Ella lleva selva y en la selva hay que despertar con agudeza para conseguir sobrevivir. Si te atreves a entrar en la selva te caerán encima las serpientes y podrán engancharte en sus anillos. “Que sea lo que fluya”, de repente dirás negligente. Una falsa espiritualidad te podrá distraer durante pesadas cantidades de ceremonias vividas. El consumo de esta planta te muestra sin piedad lo eterno de la Creación, y aun así sigues insistiendo en que las cosas son como el capricho del ego dicta. Aún crees que eres solo una persona que está queriendo sanar. Aún te resistes al mundo. Aún mientes sobre ti. ¿Cuántas ceremonias necesitas para aceptar que eres lo eterno que no conoce enfermedad?

Abre los ojos, ser que recibe medicina. No dejes de juzgar por sobre las cosas, pues prohibirse juzgar es ya un juicio. No dejes de señalar al prójimo, pues la pose de humildad te señala a ti. No te dejes llevar por la corriente, pues la selva te tragará. No importa si la corriente es nueva. Actúa desde tu razón y certeza, pues la confianza es un escudo que te dará hálito para que subas montañas sin desfallecer y visites abismos sin desmayarte. La razón pura y sentido común dicen que desconfíes de todo, y sobre todo, de ti mismo. Duda de tu razón para que ella requiera refinarse.pexels-photo-48706-1170x550No dejarse llevar por nada, mucho menos por la medicina, es el resultado progresivo a la sanación en la que la medicina te lleva. “Supera tu enfermedad por tu propia cuenta y esfuerzo, y solo entonces te sanaré”, te dice una buena medicina. “No creas en nada”, te dice una buena religión. “Vine a traer espada”, te dice un buen maestro. “Todo esto es mentira”, te dice ese sabio que conoce la verdad.

Valiente, valiente. Te invito a tomar medicina  No mimará el dulzor de seguir tomando teta, sino que te apretará y torcerá hasta que crezcas. Si estás dispuesto a morir para reconocer que nunca mueres, bienvenido. Levanta tu medicina con respeto, pues el respeto mismo te guiará. Levántate decidido a morir.

Texto: Sergio Velasquez Zeballos

Imágenes: Internet

Foto: Mercedes Andino

 

Madre Ayahuasca

Fuera de lo descrito por las palabras, el universo es inmensamente grande y vivo. Lo incomprensible y misterioso de la naturaleza sólo podemos experimentarlo. El conocimiento de lo inconmensurable sólo lo podemos ir aprendiendo en propia piel.

sam_7966Ayahuasca es un preparado de plantas que tienen una virtud. Ellas, como hijas de la naturaleza, han aprendido verdades prácticas que aún no hemos comprendido y que pueden transmitirnos cuando las ingerimos.

La sabiduría que nos comunica el Ayahuasca es digerida según como tengamos organizada la estructura de nuestra percepción del mundo. La ventana al infinito que se abra es aprovechada según la voluntad que tengamos para percibirla con claridad.

El Ayahuasca ha sido utilizada como medicina desde hace milenios para contactar con ese conocimiento interno que poseemos como hijos del universo y que hemos bloqueado al adormilarnos en una rutina de ocio y preocupación. Un poco de té, tradicionalmente servido en rituales de sentido sagrado, puede recodarnos que la vida es hermosa y podemos vivirla despiertos y con alegría.

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La medicina explora los confines del organismo mente-cuerpo buscando desórdenes. Mejor dicho, recorre el organismo completo, sin excepciones, hasta que algún nudo le dificulta el paso. Una preocupación, una enfermedad, un descuido, una actitud. Cualquier embrollo de energía obstaculiza el flujo natural de la corriente de vida en nosotros que las plantas ayudan a incrementar. La presión resultante puede activar procesos físicos y psicológicos que finalizan en sanación cuando soltamos los cúmulos de negatividades y relajamos el organismo permitiendo el libre ciclo de la energía.

La sabiduría sintonizada estimula los sentidos. El incremento de la sensibilidad es parte del cese de tensiones mentales que se rinden a la influencia de una frecuencia de vibra distinta. La consciencia de percepción se agudiza tanto internamente como de forma externa. Una lluvia de sensaciones visuales, auditivas, táctiles y mentales pueden apabullarnos mientras aprendemos a manejar la información recibida. La sobrecarga de colores, olores y dolores pueden ametrallarnos sin control hasta que sepamos ponerles orden y armonizar nuestra forma de percibir para procesar con dominio cada cosa percibida.

Cuando la corriente de energía en el organismo cobra fuerza, ésta lubrica la capacidad de profundizar con nuestra clarividencia el mundo interno que guardamos como subconsciente.

 

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La llamada pinta, mal considerada a veces como alucinaciones, es una forma de desplegar en una pantalla visual, auditiva o reflexiva nuestras realidades mentales y espirituales. Nuestros pensamientos cotidianos, nuestras tensiones nerviosas, nuestros traumas olvidados, nuestras esperanzas futuras. Miedos, rabias, preocupaciones, alegrías, paz. Todo se hace visible tan confusamente como nos descuidemos, tan claramente como nos gobernemos.

El mareo que la poción pueda provocar es una reacción a las alturas a las que podemos llegar. La falta de armonía en nuestros movimientos obvia la falta de control que tenemos de nosotros mismos. Al hacerse notorios los síntomas de nuestra vida irreflexiva, está en nuestras manos ir haciéndonos cargo de ella.

Este mareo, junto a  los malestares y trompicones que expresa, son un reto que podemos aprovechar para ganar disciplina sobre nosotros mismos. La pendiente a conquistar es demorada por la pereza de dejarnos aplastar por las sensaciones sin mantener un propósito firme.

Se da el caso que a través de esta claridad de visión que se destapa en nosotros, vamos descubriendo y sacando a flote panoramas y detalles que durante tanto tiempo hemos hecho esfuerzos titánicos en esconder.

sam_3153-largeLa sorpresa o desagrado ante estas verdades personales pueden arañar nuestra entereza de juicio sino nos mantenemos ecuánimes a todo, sin condiciones. Para esto nos es útil perder la importancia de nuestro yo, el apego a nuestro mundo y la ambición de nuestros ideales. Manejar con impecabilidad nuestras acciones, tanto durante el ritual como en nuestra cotidianidad y tratar con respeto el misterio que somos, son coadyuvantes para conservar y desarrollar la cordura y la sobriedad.

Abrimos una puerta a lo desconocido. Lo incognoscible del universo es alcanzable por nuestra mirada. Avanzamos hacia ello con confianza, prudencia y paciencia. Nuestra madre Tierra, que nos regala la vida y todo lo que somos, nos da la oportunidad de entender nuestra naturaleza, de crecer sobre ella hasta que florezca la inmensidad de nuestro potencial como seres humanos.

Tomado del libro “Por qué ríe la brisa”,

Autor: Sergio Velásquez Zeballos del libro «Porque ríe la brisa»

Imágenes: Internet

Fotos: Mercedes Andino

¿Qué es la Ayahuasca?

Es un cocinado de plantas originarias de las selvas amazónicas: La liana de la ayahuasca o Banisteriopsis caapi, que provee la medicina depurativa y el ingrediente básico para asimilar la planta complementaria, generalmente chacruna o chagrupanga, cuyo elemento principal es el DM

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DMT es una molécula producida naturalmente por todos los organismos biológicos. Su fuerza estimula la glándula pituitaria que funciona como el ojo de la visión interna, y permite así apreciar los coloridos reales del universo, la multidimensionalidad de la vida.

Observando con mejor precisión las circunstancias, el sujeto puede encontrarse de vuelta con energías abandonadas.
Cada individuo, que es responsable de su propia libertad, va entonces desenredando los cabos hechos desde la infancia debido a su pasada inconsciencia.

Poniendo las cosas en su orden natural, la percepción de la vida se va aclarando. A través de un caminar continuo
y persistente, el sufrimiento mundano va perdiendo importancia a medida que una luz ilumina la comprensión.
Sin barreras que restrinjan, la cotidianidad se amplía a vivir felices.buddha-meditando
Y la felicidad, tan natural que es, abre luego la puerta a conocimientos ilimitados. La madre naturaleza revela sus secretos que pueden ser manejados correctamente por aquellos que están centrados en su ser.
Un buen “taita” o “chamán” que guía una ceremonia bajo un sagrado ritual, es ese que está dedicado a descifrar los misterios de su propio existir a través del estudio de la medicina.
No hay límites.

Texto: Sergio Velasquez Zeballos

Imágenes: Internet

Foto: Mercedes Andino